martes, 23 de junio de 2015

Las vitaminas necesarias para el embarazo

 Las vitaminas y minerales desempeñan una función muy importante para el desarrollo de todas tus funciones vitales y las de tu bebé. Durante el embarazo, necesitas una cantidad superior a la habitual de hierro, yodo y ácido fólico. Otros nutrientes importantes son el calcio, el zinc y las vitaminas A, C y D.

Tomar suplementos vitamínicos prenatales asegura la ingesta de las cantidades extra necesarias de yodo, hierro y ácido fólico. Una dieta equilibrada debería aportar el resto de vitaminas y minerales que necesitas durante el embarazo. Consulta con tu médico si tienes dudas acerca de los suplementos que necesitas.

El ácido fólico, también conocido como folato, es un tipo de vitamina B importante para mujeres embarazadas. Tomar 400 microgramos de ácido fólico a diario durante el mes anterior al embarazo y 600 microgramos diarios a lo largo de la gestación puede ayudar a prevenir los llamados defectos del tubo neural, malformaciones cerebrales y de la médula espinal. El folato se encuentra en vegetales de hoja verde, pan, cereales integrales y algunos frutos secos, y es posible encontrar productos como pan, cereales de desayuno o zumos enriquecidos con folato; sin embargo, aun tomando estos alimentos es difícil conseguir las cantidades recomendadas de ácido fólico a través de la dieta, por lo que se recomienda que toda mujer embarazada o que quiera quedarse embarazada tome un suplemento vitamínico diario que contenga la cantidad recomendada de ácido fólico.

Tu cuerpo utiliza el hierro para producir una sustancia que permite a los glóbulos rojos transportar el oxígeno a todos tus órganos y tejidos. Durante el embarazo, necesitas una cantidad extra de hierro (aproximadamente el doble de la cantidad recomendada para mujeres no embarazadas), ya que, desde los inicios de la gestación, tu volumen de sangre aumenta, y con él la necesidad de hierro para suministrarte oxígeno a ti y a tu bebé. Si tu consumo de hierro no es suficiente, puedes desarrollar anemia.

La dosis diaria de hierro recomendada durante el embarazo es de 27 miligramos, y puede encontrarse en la mayoría de suplementos vitamínicos prenatales. Además, también puedes consumir alimentos ricos en hierro, como carne roja, mariscos, legumbres, cereales de desayuno fortificados o zumo de ciruela. Ten en cuenta que el hierro se absorbe más fácilmente si los alimentos ricos en hierro se toman junto con alimentos ricos en vitamina C, como pueden ser los cítricos o el tomate. De la misma manera, algunos alimentos, como el té, el café y los cereales de grano entero, pueden dificultar su absorción.

El calcio se utiliza para construir los huesos y los dientes de tu bebé. Toda mujer mayor de 19 años, embarazada o no, debería ingerir 1.000 miligramos de calcio al día, y la cantidad asciende a 1.300 miligramos diarios entre los 14 y los 18 años. La leche y los lácteos, como el queso o el yogurt, son la mejor fuente de calcio en tu dieta, además de contener proteínas, riboflavina y vitamina B12, pero si tienes problemas de intolerancia a la lactosa puedes obtener calcio de otras fuentes, como la leche de avena o de almendra enriquecida, el tofu, el brócoli, las coles de Bruselas, la col, el camote, las legumbres, las verduras de hoja verde, las sardinas o las almendras, o bien de suplementos específicos.

La vitamina D trabaja junto al calcio para ayudar al desarrollo de los huesos y los dientes del bebé. Además, es esencial para asegurar que tenga una piel sana y una buena capacidad visual. Toda mujer, embarazada o no, necesita 600 unidades internacionales (15 microgramos) de vitamina D a diario; durante el embarazo y la lactancia, este aporte debe proveer al bebé con suficientes reservas de vitamina D para sus primeros meses de vida. La leche enriquecida con vitamina D y los pescados grasos, como el salmón, son buenas fuentes de esta vitamina; por otro lado, la exposición al sol también activa la producción de vitamina D, por lo que es conveniente tomar el sol, siempre con moderación y usando la protección adecuada.

El consumo de yodo es importante para asegurar el correcto desarrollo del cerebro y el sistema nervioso del bebé. Las principales fuentes naturales de yodo en la dieta son la sal yodada, el marisco en general, el pescado, los huevos y las algas, pero es difícil obtener los 150 microgramos diarios recomendados durante el embarazo a partir de esas fuentes. Por ello, se recomienda tomar un suplemento vitamínico prenatal que contenga yodo desde el momento en que se considere la posibilidad de embarazo y hasta finalizar la lactancia.

RECUERDA QUE: La información contenida en este sitio tiene el propósito de ofrecer un conocimiento general, no tiene como fin el sustituir la consulta con el médico. Usted debe consultar con su médico si presenta alguna condición en su salud.


Fuente:
http://inatal.org/el-embarazo/peso-y-dieta/80-claves-de-la-dieta-en-el-embarazo/79-que-vitaminas-y-minerales-se-deben-tomar-con-mayor-cantidad-durante-el-embarazo.html

miércoles, 17 de junio de 2015

El reflujo en el bebé

A menudo, el estómago del lactante no se "cierra" correctamente y expulsa cantidades de leche en forma de reflujo. Este trastorno tiene algunos riesgos en la salud del bebé y es aconsejable ponerle remedio mediante el tratamiento correcto.

El síntoma más común son los vómitos después de cada toma. Aparte de eso, se puede notar que el bebé llora aparentemente sin motivo y con persistencia, se muestra irritable, tiene dificultad para dormir, tose con frecuencia, da arcadas o se niega a comer. En consecuencia, el bebé puede no ganar peso, su crecimiento se puede estancar, o puede, en casos más graves, padecer una inflamación en el esófago, e incluso una úlcera.

Las consecuencias más comunes del reflujo gastroesofágico en los bebés son la esofagitis (el esófago se irrita fácilmente si entra en contacto con los jugos gástricos) y las complicaciones respiratorias (con violentas crisis de tos en el niño). La consecuencia es que el esófago se inflama y produce en el niño una sensación de ardor muy molesta. Por este motivo, el pequeño llora con frecuencia. En los casos más graves, la inflamación profundiza en la pared del esófago y, cuando se cura, su cicatriz puede provocar un estrechamiento de dicho órgano.

La mejor forma de suavizar los síntomas del reflujo es mantener al bebé en posición vertical después de su alimentación, evitar moverlo demasiado, y hacerle eructar varias veces mientras toma el biberón o le das de mamar. Es recomendable también que le des de comer más veces y en menor cantidad. A partir del tercer o cuarto mes, se puede espesar la leche y controlar que los agujeros del biberón sean del tamaño adecuado para que el bebé no trague aire al comer. Aparte de eso, es necesario evitar las grasas, las frituras, el chocolate, zumos cítricos, bebidas con gas y yogurt.

Es aconsejable que el bebé duerma ligeramente incorporado. Puedes ponerle un cojín debajo de su almohada. Si notas que los síntomas siguen y que están perjudicando la salud de tu bebé, consulta con su pediatra para que establezca un diagnóstico.

Para tratar un caso de reflujo, hay que considerar la edad y los síntomas de los bebés. Algunos pueden no precisar tratamiento y sólo necesitan seguir unas recomendaciones para aliviar los síntomas. Otros, en cambio, puede que necesiten de medicamentos. Pero, en poquísimos casos, se indica una cirugía.

El reflujo se convierte en una preocupación cuando, al volver el alimento del estómago al esófago, se vierte en el conducto de aire. Eso puede causar problemas de respiración, asma, neumonía y, en algunos casos, el síndrome de muerte súbita del lactante. Los casos más graves son tratados con fármacos, que ayudan a neutralizar la acidez del estómago. Los efectos de los medicamentos son tan eficaces que, en pocos casos, se llega a indicar una cirugía.

RECUERDA QUE: La información contenida en este sitio tiene el propósito de ofrecer un conocimiento general, no tiene como fin el sustituir la consulta con el médico. Usted debe consultar con su médico si presenta alguna condición en su salud.

Fuente:
http://www.guiainfantil.com/salud/cuidadosespeciales/reflujo/index.htm
http://www.mibebeyyo.com/bebes/crecimiento/1-3-meses/reflujo-remedios-307

martes, 9 de junio de 2015

La alimentación en la Lactancia Materna

A las dudas sobre la crianza de sus hijos, algunas madres recientes añaden las de su propia alimentación: ¿qué debo comer mientras amamanto al bebé?, ¿y qué evitar?, ¿dará mal sabor a la leche?, ¿me pondré como una vaca por darle el pecho? Por suerte, la mayoría de las madres llevan una dieta excelente si siguen sus instintos. Tanto si la mujer da el pecho como si no, puede comer lo que quiera y en la cantidad que desee. Aquí encontrarás las respuestas a esas preguntas que pueden inquietarte.

La dieta sana para una madre lactante es igual que para todo el mundo: una base de cereales (pan, arroz, pasta) y legumbres (lentejas, guisantes, garbanzos, alubias), complementada con frutas o verduras y carne y pescado de vez en cuando. Conviene no abusar de azúcar y dulces, aperitivos salados, refrescos azucarados, grasas, etc.

Tu apetito marcará las cantidades. Casi nunca se equivoca y los errores no pasan desapercibidos: si te adelgazas varios kilos, es que necesitas comer más, y si engordas, es que necesitas comer menos.

Si das el pecho, solo hay que comer algo más. Durante la lactancia, lo mismo que durante el embarazo, el metabolismo de la mujer cambia, y aprovecha mucho mejor la energía de los alimentos.

No es malo comer patatas fritas, ni mayonesa, ni pasteles, siempre que no sean los únicos componentes de la dieta. Lo que come la madre influye muy poco en la composición de la leche. Aunque no te alimentes bien, tu leche sigue siendo excelente. Te conviene seguir una dieta equilibrada por tu salud, no por la de tu hijo.

Algunos alimentos cambian el sabor de la leche (ajos, cebollas, espárragos, alcachofas, especias), pero no hacen que el niño coma más o menos. Si después de comer cierto alimento el bebé se pone nervioso al pecho y no quiere mamar, ya sabes que no le gusta y, si quieres, puedes evitarlo. De todas formas, como el sabor de la comida ya pasa a través de la placenta, no suele haber ningún problema con alimentos que suele consumir la madre, ya que su hijo está acostumbrado.

Ningún alimento que tome la madre causa gases en su hijo. Esta es una creencia falsa. Ciertos alimentos producen gases en el intestino durante la digestión. Pero ese gas no puede pasar a la leche, porque para hacerlo tendría que pasar por la sangre.

Alergias: si el niño es alérgico a algún alimento, el pediatra te recomendará que dejes de comerlo durante la lactancia.

Una parte de lo que se engorda durante el embarazo son reservas para la producción de leche. La mayoría de las madres mantienen el peso durante los primeros tres meses, y solo luego empiezan a perder de forma natural. Si la mujer no da el pecho, tal vez tenga que vigilar un poco su dieta y hacer más ejercicio. Si de verdad hace falta perder peso, una dieta de unas 1.750 calorías al día permite adelgazar paulatinamente (5 kilos en 10 semanas), sin que se altere la producción de leche.

Recuerda además que la comida alimenta igual fría que caliente, no es necesario comer cada día a la misma hora, y picotear es más sano que hacer tres comidas al día. Comer lo mismo, pero más repartido, es mejor para la tensión, el azúcar y el colesterol, y puedes picotear muchas cosas que no son porquerías (fruta, un bocadillo, una zanahoria, un trozo de queso, unas almendras). Un truco: si te acostumbras a preparar el doble de cada receta, te sobrará para la cena, o para congelar. El microondas es muy útil para descongelar y calentar restos.

Nuestra dieta habitual ya los contiene y para que la leche materna fuera deficitaria en alguna vitamina, la mujer tendría que haber enfermado primero.

Si ha perdido mucha sangre durante el parto, es posible que tenga anemia y necesite hierro. Si no es así, basta con el hierro que contienen los alimentos. Cuando se da el pecho, la menstruación se retrasa varios meses, así que la madre no pierde hierro, sino que lo ahorra.

Tampoco necesita suplementos de calcio. Durante los primeros seis meses de lactancia, todas las madres pierden calcio de sus huesos a consecuencia de los cambios hormonales . A partir de los seis meses, el metabolismo cambia, y los huesos acumulan calcio, aunque la madre no tome ningún suplemento.

Una dieta variada contiene mucha vitamina B12, pero ningún alimento de origen vegetal la lleva. Los vegetarianos estrictos deben tomar suplementos toda su vida. Esto es especialmente importante en el embarazo y la lactancia.

RECUERDA QUE: La información contenida en este sitio tiene el propósito de ofrecer un conocimiento general, no tiene como fin el sustituir la consulta con el médico. Usted debe consultar con su médico si presenta alguna condición en su salud.

Fuente:
http://www.serpadres.es/bebe/lactancia-alimentacion/articulo/alimentacion-madre-lactancia-materna
http://espanol.babycenter.com/a900940/alimentaci%C3%B3n-para-una-mam%C3%A1-lactante-saludable

martes, 2 de junio de 2015

Cólico en los bebés


Los cólicos del lactante, también conocidos como espasmos o contracciones dolorosas del intestino, se caracterizan por largos episodios de llanto, que se producen durante los primeros meses de vida del bebé.

Las madres sufren especialmente, pues no entienden el motivo del llanto y se sienten impotentes para consolar a su bebé. Se detectan fácilmente cuando el bebé deja de estar callado y tranquilo, y empieza a llorar y a gritar al final de cada tarde y al principio de la noche. El llanto pasa a ser constante y puede durar hasta tres horas, ya que no existe nada que pueda evitarlo. Los padres se desesperan y se frustran para terminar, y al final, muy cansados. Esta situación es la que define a los cólicos del lactante, que suelen ser más propios de los primogénitos que de los segundos o terceros.

Con suerte podrás identificar un desencadenante y así eliminarlo enseguida. Pero, si no es así, debes poner en marcha algunos consejos generales que permitan distraer y calmar a tu bebé durante la fase aguda del cólico.

Algunos consejos para aliviar el cólico del lactante en el bebé son:
  • Contacto piel con piel: Acunar al bebé en los brazos es una de las medidas más efectivas. Las mochilas portabebés pueden ser de gran ayuda para los padres.
  • Movimiento: Mecer al bebé puede calmarle cuando esté llorando. Lo puedes mecer en los brazos, en la cuna o en una sillita tipo columpio (cuando ya controle la cabeza).
  •  Música: El canto, las nanas o la música que escuchabas durante tu embarazo pueden servir de calmante para los bebés en pleno llanto. Incluso el ruido de una aspiradora puede funcionar a la hora de entretener al bebé.
  • Chupón: El uso del chupón también puede calmar el sufrimiento de tu bebé. El chupón supone un gran ansiolítico para los bebés y su nerviosismo se apacigua cuando sufren los cólicos.
  • Posición vertical: Para ayudar al movimiento de gases y disminuir la acidez. Es conveniente que lleves a tu bebé en posición vertical. Le ayudará a expulsar los gases que le están molestando.
  • Masajes: El masaje contra los cólicos que se realiza presionando con movimientos circulares, en el sentido de las agujas del reloj, tus manos en su abdomen puede aliviar sus molestias. El masaje en la espalda del bebé también es recomendable, así como colocar una toalla templada-caliente en el abdomen del bebé.
RECUERDA QUE: La información contenida en este sitio tiene el propósito de ofrecer un conocimiento general, no tiene como fin el sustituir la consulta con el médico. Usted debe consultar con su médico si presenta alguna condición en su salud.

Fuente:
http://www.guiainfantil.com/salud/cuidadosespeciales/colicos/soluciones.htm

Parches mamarios

Parches mamarios
Aquagyn